No es un fin de semana cualquiera. Es el ultimo de Septiembre, el del Desembarco de Carlos V en Laredo. Es mi fiesta favorita ..... o al menos lo era durante el tiempo que la pude disfrutar plenamente. Haciendo un símil literario con cierta saga de corte fantástico, se puede decir que por entonces, en mi reino todo era felicidad y amor, lo que me permitía vivir con pasión y gran fervor, esta gran fiesta que es el Desembarco del Rey Carlos V a tierras laredanas.
Pero llegó el invierno, y con el vino la oscuridad, la cual se mantiene imponente y sin visos de desaparecer, a día de hoy. Partió Carlos V hacia el monasterio de Yuste, para posteriormente fallecer allí mismo tiempo después. Pero también murió el amor que mantenía feliz mi reino, o mas bien fue apuñalado por la espalda, a traición, por la mujer que ayudo a que fuese posible durante cuatro años. Cayó mi reino a manos de una dama, igual que siglos atrás lo hiciese Troya por culpa de Helena, aunque no directamente, claro. Desde entonces, suman ya dos arribadas del rey Carlos V a la playa de la Salvé, y en ambas no he podido estar presente.
Y no ha sido por que no pudiese acudir, ya que yo estaría encantado de recibir al Sire, pero se que nada hubiese sido igual, porque no es lo mismo verlo acompañado por alguien especial, que hacerlo en soledad, y recordando todos y cada uno de los momentos vividos en anteriores ediciones, cuando a la fiesta y la celebración, se le unía la magia que solo ella le sabia dar a esos tres días. Además, no me gustaría ver como ahora ella forma parte del reino de otro hombre, la experiencia hace mucho que me enseño que no es un trago nada agradable. Con todo esto no quiero decir, ni dar a entender que la siga queriendo, ni que aun esté enamorado de ella, porque no es así. Simplemente guardo un gran cariño y recuerdo hacia ello, y una gran gratitud por todo lo positivo que me dió y me enseñó acerca del amor y la vida, a lo largo de los cuatro años que estuvimos juntos.
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