- Momento flashback -
31 de Diciembre de 2019: La vida tal y como la conocíamos.
Nada hacía sospechar la que se nos venía encima. Todo era ilusión y jolgorio por el año que terminaba y el que estaba a punto de entrar. Qué ilusos fuimos ..... pero que bien nos lo pasamos en el que para muchos fue su último fin de año (sin paños calientes, que esto no es un cuento de hadas), y para los demás la última Nochevieja de la vida tal y como la conociamos.
Febrero de 2020: La calma que precede a la tormenta
Era una tarde más de la última semana de prácticas en la Resi, fuera el tiempo era fresco pero no llovía. La televisión estaba sintonizada en ETB2, y en ese momento "Qué me estás contando" era el programa que estaban dando. Hablaban de que un virus estaba haciendo estragos en China, en una ciudad llamada Wuhan. "Bueno, nos pilla lejos", pensé. Total, mi única preocupación en ese momento era disfrutar de los últimos dos turnos de prácticas, y así finiquitar el título de Sociosanitaria despues de un largo año llegando a compaginar estudios y trabajo. Y bien feliz que me las prometía, como todo el mundo que no se imaginaba lo que estaba por venir.
Marzo de 2020: Estado de Alarma & Debút
El virus ya estaba aquí, los contagios y las muertes aumentaban día a día, el pánico cundió en todo el planeta, y aquello se asimilaba a la concepción que millones de personas teníamos sobre el fin de la humanidad. Nadie sabía nada, se hablaba de pangolines, de murciélagos, de que el virus se había escapado de un laboratorio de manera accidental o intencionada ...... era el cáos. Apareció el ya famoso Fernando Simón, y llegó el temido confinamiento. Y digo temido, porque creo que todos sabíamos lo que significaba a nivel social y económico el hecho de parar, ya no solo el país, sino el mundo entero. Incertidumbre, nadie podía calcular cuanto tiempo íbamos a tener que permanecer encerrados.
"Se para el país, salvo los sectores de primera necesidad". La sanidad era uno de ellos, y una semana después del estado de alarma, me reclutan para trabajar en una pequeña Residencia de Bilbao, que casualmente estaba en Santutxu, "Perfecto, esta noche estoy allí" le dije a la señorita de RRHH. ¿Miedo? Sinceramente ninguno, porque aún la mascarilla no era obligatoria, nadie había hablado de que el virus se pudiese contagiar muy facilmente por via aerea (que ahora lo piensas y te das cuenta de que miles de muertos diarios eran señal clara de que la cosa si contagiaba por el aire, pero claro, si ahora no sabemos quién está contagiado y quién no, pues imaginémonos en Marzo), y además la población estaba en su casa encerrada, y era obvio que no me iba a cruzar con apenas nadie en los trayectos de ida y vuelta. Y así fue, salvo por el detalle de que el virus ya estaba justo donde no debía de estar, en la Residencia.
La noche fue larga, doce horas. Mi primer turno de trabajo como sanitario y ya empezaba fuerte. ¿Cuales fueron mis Epis aquella noche? Una mascarilla quirúrgica (dos en realidad, una cada 4 horas). Y yo no lo sabía, pero estaba en contacto directo con una decena de ancianos contagiados de SARS, de los cuales un par de ellos estaban viviendo sus últimas 48 horas de vida. Tenían síntomas evidentes, pero qué va a pensar uno cuando le dicen que padecen patologías respiratorias y cardíacas, ambas crónicas. Y con esto no estoy culpando a nadie, porque en aquel momento estabán cayendo ancianos a puñados en prácticamente todas las Residencias del país, y aún no llevaban a cabo test serológicos y PCR masivas con después se empezó a hacer.
Aquella fue mi primera y última noche en aquel lugar, porque las tareas del puesto se excedían mucho más de las de un auxiliar sanitario. Digamos que allí adentro podía ser perfectamente 1920, mientras que extramuros la vida seguía su curso "normal" (si se puede considerar normal estar en mitad de una pandemia mundial en pleno siglo XXI).
Dos días despúes todo cambio con una llamada. Todos los usuarios de la Resi estaban derivados, y dos habían fallecido con Covid + ...... "tienes que estar 15 días en aislamiento, y la semana que viene te llamamos para darte cita para que te hagas el test y saber si estás contagiado". Me llamaron a la semana para preguntar si tenía síntomas y qué tal me encontraba. Yo ya me había enterado por un portal de noticias de que todos los usuario de la residencia habían fallecido a lo largo de la semana con Covid +, y no sé si por contagio o por autosugestión, pero tuve síntomas compatibles con el virus, aunque nada por lo que llegar a temer por mi salud.
Cumplí cuarentena, pero ni de la empresa que gestionaba la residencia, ni de su promesa de hacerme el test, volví a saber nada. Eso si, la experiencia vivida, y sobre todo el hecho de que ya en mi primera oportunidad laboral como sanitario hubiese terminado conviviendo con la más cruda realidad de la pandemia, y con una decena de fallecidos en apenas una semana, me marcó de tal manera que tome la decisión de no volver a buscar trabajo mientras durase el estado de alarma y su consiguiente confinamiento general. Me pudo ese instinto de supervivencia que tan innato es en todos los seres vivos.
Septiembre de 2020: Segunda ola & Baño de realidad.
Estamos inmnersos en la segunda ola del virus. ¿Por inevitabilidad? Pues no, por gilipollas, porque nos dejaron salir en verano y ya nos pensamos que el virus había desaparecido. Pero claro, nos dijeron que con el calor desaparecía el virus, y a ello se vino a juntar una horda de personas que se autodenominan como "Negacionistas", liderada por Miguel Bosé (que yo no lo he dicho, que él lo ha dicho, aunque ahora lo niegue y diga que nosotros hemos dicho que ha sido malo), y que no solo niegan la existencia del virus, sino que afirman que con la futura vacuna, Bill Gates nos quiere implantar un microchip para controlarnos. Como si no lo estuviésemos ya con tanta tecnología y otras cosas que no sabemos.
Y al final pasa lo que pasa, aunque claro, la culpa de todo la tiene el ocio nocturno, los jovenes, el botellón y los niños. Porque siempre hay que buscar cabezas de turco para echarles la mierda, y más sabiendo que luego la gente está aborregada y se lo cree todo. Y aquí estamos, medio verano sin ocio nocturno, con el botellón prohibido (aunque se sigue haciendo) y mira tú por donde cada vez aumentan más los contagios. Es lo que tiene prohubir sin tener una base sobre la que sustentar los argumentos. Eso si, en el transporte público, las terrazas, las playas, los puestos de trabajo y las zonas de paseo no hay riesgos de contagio porque el virus es inteligente y solo sale a partir de la una de la madrugada para ir de pubs y de botellón.
Y ahora vayamos con el meollo de la cuestión, y lo que me lleva trayendo de cabeza desde ayer.
La segunda ola del virus ha traido consigo el esperado colapso en las residencias, al igual que ocurrió en Marzo con la primera ola, y la más trágica de todas, porque dejó al descubierto la realidad diaria de muchas de estas residencias, sobre todo la sobrecarga y las condiciones de trabajo dentro de las mismas.
Y como ya hemos podido comprobar, esta pandemia no nos está haciendo ser mejores personas de lo que éramos antes del virus, sino todo los contrario. Ahora os voy a contar a que me refiero con esta última afirmación.
Por desgracia, esta segunda ola nos ha pillado a todos de improviso por lo pronto que ha llegado, ya que sin apenas darnos tiempo a recuperarnos de la primera, esta segunda por ahora nos está empezando a superar, aunque no se espera que cause tantos estragos que la primera, pese a que existe miedo real a que la situación se descontrole a partir de Octubre con la ola de gripe anual y la llegada del frío. Es posible que lo que hoy parece una segunda ola, se convierta en un tsunami devastador en apenas un par de meses con la entrada del Otoño y la posterior del Invierno (ríete tú del Rey de la Noche y de sus hordas de Caminantes Blancos, porque nuestro vidriagón es la vacuna, y todavía no existen esperanzas reales de que alguna de las vacunas que están en distintas fases de creación y prueba, sea la definitiva, ni que vaya a llegar a tiempo de evitar cientos de miles de muertes más.
Pero me voy a ceñir a las Residencias de Ancianos, porque ayer mismo pude comprobar como hay algunas que se están aprovechando de las bajas por Covid en el personal, para tratar de cubrirlas en condiciones precarias, incluso llegando a tratar de incorporar auxiliares sin dar de alta ni hacerles contrato de trabajo, y además en condiciones que rozan la esclavitud y se pasan por arco del triunfo los protocolos anti Covid. Y no hablo por hablar, porque yo mismo me tenía que haber incorporado hoy de haber aceptado.
Los uniformes y los epis no pueden salir de la residencia, y ni mucho los trabajadores deben llevárselo a casa cada día al terminar el turno. Es el servicio de lavandería quien debe lavarlo y desinfectarlo cada día, y no los trabajadores en su casa arriesgándose a llevarse el virus sobre el uniforme a su hogar, y pudiéndose contagiar ellos mismos y a sus familiares.
Los trabajadores, fuera de su horario de trabajo no están obligados a permanecer pegados a su dispositivo móvil 24 horas al día, 7 días a la semana. Somos personas con vida privada y derecho a la libertad y el descanso.
En Sanidad se trabaja a turnos y con una cartelera semanal o mensual, con días laborales y de descanso fijados, y no a expensas de la empresa y sus necesidades. Te pueden llamar para cubrir un turno en caso de urgencia, por supuesto, pero trabajar sin saber que turno vas a tener al día siguiente, ni cuando vas a tener un día libre, no. La estabilidad laboral es un derecho.
Si vas a cubrir una baja, debe ser con la mismas condiciones que tenía la auxiliar que ha cogido la baja, con su cartelera, y sus días de descanso.
No estás obligado/a a trabajar el turno siguiente del que acabas de salir. Es decr, si sales de noche y la empresa te llama para decirte que tienes que quedarte en el de mañana, no tienes porque hacerlo (otra cosa es que necesites horas o lo que sea y no te importe doblar. Ahí ya depende de ti).
No se puede trabajar más de una semana y media seguida sin descansar (8/9 días máximo).
Y por último, "Es lo que hay" no es excusa para justificar la explotación laboral, ni tienes que tragar por cojones.
En fin, como suelen decir, "Hecha la Ley, hecha la trampa". Pero esperemos que esta situación sanitaria termine lo antes posible y el sector sanitario se deje de precarizar a pasos agigantados. Porque a uno se le cae el mundo encima cuando quiere trabajar en condiciones dignas y no se lo permiten, e incluso se le quitan las ganas de hacerlo viendo como está la situación.

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