19 de marzo de 2015

Trenes perdidos

 

No se lo que ocurrirá de aquí en adelante, pero si se, que pase lo que pase, mi sitio está en esta estación, en la cual vi marcharse el ultimo tren, aquel en el que me subí hace cinco años sin fin de trayecto. Pero el destino quiso que mi viaje finalizase por sorpresa en la misma estación que ve mi pasar mis días desde hace ya mas de un año. Ahora me encuentro aguardando a que pase otro tren, no se si el definitivo, pero ojalá que así sea.

Trato de olvidar con el paso del tiempo, aquel vagón que nos juntó entre sus paredes a aquella joven dama de verdes ojos, y a mi. Reconozco que cuesta, pues fue largo el camino, y en el se amontonan cientos de imborrables recuerdos. Los mismos que al regresar hacen que broten de mis ojos lagrimas de añoranza, pues no miento si digo que desde que vi marchar aquel tren, ha habido nubes de tormenta, las cuales han descargado su lluvia sobre este anden, que se encuentra igual de ajado que mi corazón. Pero como he dicho, soy optimista y se que el sol volverá a brillar mas pronto que tarde, y unos labios de mujer vendrán a rescatar a este humilde y triste pasajero que ya creía perdido el ultimo tren de su vida.

Mentiría si dijese que en esta espera estoy solo, porque tengo la suerte de que el tren de la amistad pase cada día por esta misma estación, lo cual hace un poquito mas llevaderas las largas jornadas de melancolía y soledad. Porque otra cosa no, pero puedo sentirme orgulloso de los amigos que tengo, sobre todo de la leñadora y la cangurillo, que son las que mas tiempo me dedican. Además, cada Viernes una dulce y femenina voz me ameniza las noches, y hace que se me olviden los problemas durante un rato. Es una voz amiga, tanto que diría que puedo reconocerla y ponerla rostro, el de una cariñosa y sensible joven.

No me puedo olvidar de esa magnifica biblioteca, siempre iluminada, pero sin nadie que la vigile, como si estuviese ahí, solo para mi. Que fácil es coger un libro, y dejar volar la mente entre sus páginas, dejando atrás la dura y cruda realidad. No se que sería de mi sin esos tesoros de papel.

Y como dejar en el tintero a la criatura que mas compañía me hace, algo mas que una perrita, una amiga, un ángel de cuatro patas, mi pequeña yorkshire, esa que cada mañana me despierta a lametones y se revuelca para que la haga caricias en la barriguita. Ella es la que me ha enseñado que en esta vida, muchas veces los animales, son mejores que las personas, porque ellos no te abandonan, y te regalan su cariño desde el primer, hasta el último de sus días. Ellos no son animales, son regalos enviados desde el cielo para hacernos la existencia más llevadera, y darnos muchas lecciones, que de otra manera no podríamos aprender.

Al fin y al cabo, en esta vida nos pasamos la mayor parte del tiempo en una estación, esperando que pasen esos trenes que deseamos coger, para que nos lleven hacia la consecución de todos y cada uno de nuestros sueños.

Yo por ahora, seguiré esperando al próximo tren, con ilusión y una maleta repleta de amor y cariño.  





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