9 de mayo de 2015

Thorns

Esta es la última publicación de "Bitácora de los sentimientos". No porque no me queden ganas de escribir y contaros más historias, sino porque lo que vais a leer a continuación, va a levantar muchísima polvareda, y seguramente me acarree consecuencias haberlo escrito. Pero es la verdad, y creo que es algo que no puedo seguir ocultando.

Lo que llevo dentro de mi, no viene de ahora, ni siquiera de la ruptura con Fátima (me niego a seguir llamándola "mi ex", porque tiene nombre y apellidos, como cualquier otra persona), sino de muy atrás, cuando a lo largo de los años de instituto, fui victima de lo que ahora llaman "bullying", o más conocido como acoso escolar. Fueron años siendo el hazmerreír de la clase, el saco de las hostias para aquellos que consideraban, que maltratar a los mas débiles, les hacia ser los mas guays de la clase. Todo aquello, me afectó en mi rendimiento académico, pero sobre todo, creó en mi una serie de miedos, los cuales me fueron minando como persona, hasta dejarme unas "secuelas", de las que a día de hoy aún arrastro, como la inseguridad, fragilidad, y la debilidad psicológica, las cuales, unidas a mi excesiva sensibilidad e inestabilidad emocional, hacen de mi una persona "especial" (para bien, y para mal).

También me afectó a la hora de relacionarme con el sexo opuesto, tanto, que tuve que esperar hasta los veinticuatro años para encontrar una chica que me quisiera y me valorara tal y como soy. Antes, tuve que pasar por experiencias que no se las recomiendo, ni al peor de mis enemigos. Pero supongo que todos, quién más, quién menos, ha tropezado con personas a las que luego deseó no haber conocido. Y a esa niña, porque solo tenía 17 años cuando la conocí, se lo debo todo, porque solo ella me ha valorado de verdad, y me ha dado todo su amor y cariño sin pedir nada a cambio. Y la falle muchísimas veces, porque hubo momentos en los que creí que no me merecía a alguien como ella a mi lado, tanto, que la terminé perdiendo, y hoy, mientras ella es feliz, yo soy un ser solitario y olvidado por todos, cuyo único error fue no creerse más que nadie, hasta el punto de perder a la única persona a la que quiso, y le quiso de verdad, por no considerarse digno de ella. Y sufro cada día, cada noche,  por verme solo y abandonado, siendo mas una molestia que otra cosa para mi propia familia, que también sufre viendo que soy incapaz de encontrar suerte ni felicidad en esta vida, como si en algún momento de mis casi treinta años de existencia, hubiese cometido tamaño error, sin ser consciente, que sigo pagando por ello año tras año. No soy capaz de encontrar un puesto de trabajo, no tengo amigos con los que salir a ningún lado en el mismo pueblo donde llevo toda la vida viviendo, la persona a la que quiero con toda mi alma y mi corazón, no quiere saber nada de mi, y se que si estuviese al borde de un barranco, me empujaría, pese a todo lo que di por ella, y todos los momentos y recuerdos que atesoramos juntos, de los cuales yo mismo me nutro para sobrevivir.

Y quiero volver a su lado como sea, porque solo con ella he conocido la felicidad, y no quiero vivir el resto de mi vida junto a otra persona que no sea Fátima. Pero no sé como hacerlo ya, ni a quién acudir para que me ayude a recuperarla, y no puedo seguir con esta triste y depresiva vida, porque desde hace mucho tiempo, no hay día que no piense si quizás lo más correcto para terminar con esta agonía, no sería irme de este mundo y quitarle un peso de encima a varias personas a las que de manera indirecta les estoy haciendo mas complicada la vida, sin tener ellos culpa de nada. Además, se que si es casi inexistente la gente que se preocupa de si sigo respirando, o si estoy bien o mal, poca serán las personas a las que les importe si desaparezco. Pero por ahora, esa idea no es capaz de anteponerse a mis ganas de luchar, aunque no sé durante cuanto tiempo más, seré capaz de soportar esta asesina y enfermiza vida de soledad. Ya he dejado hasta de preocuparme por mi cuerpo, y en un año y medio, he engordado los kilos que tanto me costo perder en su día. Cuando estaba con Fátima, me cuidaba, y me gustaba verme bien físicamente, pero desde que se fue, he perdido completamente el control, y aunque intente retomar la ruta del esfuerzo a través del deporte, por motivos externos a mí, y como es de costumbre en mi vida, también se fue todo a tomar por culo. Una vez más, es como si todo aquello que me hiciese feliz, tuviera que desaparecer de mi vida por mandato divino.

Y no me gusto, ni física, ni psicológicamente. Ni tampoco me gusta mi vida. Y si yo no me gusto, ¿como cojones le voy a gustar a nadie? Es imposible.

En fin, al borde de los treinta, y no he conseguido nada en mi vida, salvo ser el tipo del que descojonarse, y al que putearle hasta anularlo como persona y ser humano. Y es muy triste verse así, consumido por la infelicidad, la soledad, y la mala suerte.

Sobra decir, que no intento dar pena a nadie con esto, porque bastante me doy ya a mi mismo, como para ahora, tratar de crearle en los demás.
 





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