Hacía muchas noches que no tenía un sueño como el de esta última. Ha sido de esos en los que despiertas y no puedes evitar romper a llorar, ya sea de tristeza o alegría. En mi caso, creo que ha sido una mezcla de ambas. Pero mejor os lo cuento, ¿no?
Como todo sueño, hay cosas que no tienen explicación, y así es como empieza la historia. Por la razón que sea, tomé la decisión de enfilar el camino que me llevaba a casa de mi ex, pero por primera vez desde que habíamos terminado, el recibimiento no iba a ser tan frió como al principio. Obviamente, por su parte persistía el vacío, como si yo no estuviera allí, pero en su madre si apareció un cambio que no esperaba, y que la llevo a hablarme.
- No se lo tengas en cuenta, entiende que ella aún esté molesta contigo después de todo lo que pasó entre vosotros. Pero ya sabes que por muy enfadada que pueda estar contigo, en el fondo te guarda un gran cariño, porque al fin y al cabo, eres la persona que la hizo la mujer más feliz del mundo durante los años que te tuvo a su lado.
Pero justamente al terminar ella de hablar, aparecían por la puerta de la casa varios amigos de Fátima, entre ellos su pareja actual, el cual, con una sonrisa sarcástica, le preguntaba a ella la razón por la cual yo me encontraba allí, a lo cual ella respondía con un seco y firme "sin más, déjale que haga lo que quiera"", mientras una de sus amigas venía a saludarme como si no supiese quien era en realidad, aunque yo tampoco la conocía a ella, una mas de esas incoherencias dignas de todo sueño.
Tras esto, me dedicaba a pasear por la casa, recordando los momentos vividos en todos y cada uno de sus rincones, hasta que llegado el momento, decidía despedirme, ya que no me quedaba nada más que hace allí, y menos mientras ella y sus amigos celebraban algo, ya que oía sus risas desde el piso de arriba. Así que para no quedar mal, me acercaba a su madre, la decía que me iba ya, y la daba dos besos. Pero de repente, Fátima subía a recoger algo, y yo decidía hablarla por última vez, solo para avisarla de que me despedía.
- Bueno, me voy ya. ¿Aunque sea, me podías dar un abrazo, no?
- Bueno vale.
Ese último abrazo ha sido la parte mas emotiva del sueño, pues mientras ella me abrazaba, no pude evitar romper a llorar y contarla al oído lo mucho que llevaba esperando algo así por su parte, a lo que ella respondía que ella también lo echaba de menos, pero que eso no quitaba el hecho de que la vida hubiese separado nuestros caminos, pese a que el recuerdo de lo vivido entre los dos, fuese imposible de borrar.
"Yo solo quiero que seas feliz, conmigo o sin mi, pero que lo seas", la dije antes de enfilar la puerta de salida.
Después, ...... el despertar, con todo lo que ha venido detrás.
Llevo todo el día con una sonrisa en los labios, y eso que soy consciente de que todo ha sido un simple y hermoso sueño.
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