Artículo de Risto Mejide publicado hoy Domingo en "El Periódico". Sobran las palabras.
Alguien decidió no quererte. Fue alguien a quien ni conozco ni
seguramente conoceré. Fue alguien que de tanto en tanto aún se asoma por
tu mirada, cuando te me pones triste, cuando te me quedas mal. Fue
alguien que no supo, no quiso o no sé. El caso es que ese alguien
decidió no quererte y gracias a eso aquí estás. Mía. Miísima. Para mí.
Alguien
decidió no quererte. O quererte poco. O quererte mal. Ahora ya da lo
mismo, ahora ya da igual. Son de esas cosas de ti que ni conozco ni
jamás conoceré del todo. Porque no debo. Porque no me pertenecen. Porque
sólo te pertenecen a ti y a tu pasado y al recuerdo que decidas
compartir, a la parte de ti que quieras sanar conmigo. Son de esas cosas
que me muero por escuchar hasta que las escucho de verdad. Son de esas
cosas que te han hecho ser así. Tan adorable. Tan tuya. Tuyísima. Para
ti.
Alguien decidió no cuidarte. Te hizo daño, os hicisteis daño.
Lo sé. No hace falta que me lo cuentes. Porque lo sé. Y lamento mucho
que así fuese. Pero también me alegro. Primero, porque te hizo crecer,
te hizo aprender a despedirte. Segundo, porque cuanto más te alejabas de
ese alguien, sin saberlo nadie, más te acercabas a mí. Y por último,
porque para querer mucho y quererse bien, hay que saber muy bien antes
lo que no se quiere. Así que déjame mostrar mi más profunda gratitud
hacia todos esos alguien. Porque jamás les estaré suficientemente
agradecido. Sí, jamás.
Yo he decidido quererte. Quererte mucho.
Quererte bien. O al menos, aprender a hacerlo. Día a día. Paso a paso.
Polvo a polvo. Pelea a pelea. Reconciliación a reconciliación. Querer de
verdad es pensar en beneficio del otro antes que en el propio. Querer
de verdad es discutir sólo por problemas nuevos, no volver sobre lo ya
discutido, zanjar los temas no sólo con soluciones sino con
aprendizajes, compromisos y comportamientos. Querer de verdad es decir
te amo antes que te quiero. Es vivir en usufructo pero sin ninguna
hipoteca. Es encerrarse por fuera. Es echar raíces en libertad.
Pero
también querer de verdad es ser cada vez más consciente de que no te
merezco. Pensar que en cualquier momento, en cuanto sepas cómo soy
realmente, me vas a dejar. Despertarme por la noche varias veces sólo
para comprobar que sigues aquí, que no ha sido todo un sueño. Otro más.
Mirarte cada día como te miré la primera vez, esa primera vez.
Preguntarte todos los días si quieres casarte conmigo. Y antes de que se
ponga el sol volvértelo a preguntar. Varias veces. Que me mires como
diciendo bueno ya está. Que te mire como diciendo es que no me lo creo.
Dime que todo esto es una broma pesada y lo entenderé. Que te vuelves al
Olimpo del que jamás debiste bajar. Que me dejas aquí soñando
despierto, porque ahora sé que existes, que eres real. Que en realidad
es todo parte de una apuesta, que ya has la has ganado, y aún así te
pediré que vuelvas a apostar.
No, no estoy diciendo que seas
perfecta. Ni mucho menos. Eso sinceramente me la sopla. Me da igual.
Hace mucho tiempo que descubrí que la gente perfecta -aparte de
mentirosa- es la que tiene más peligro, porque es la única que nunca
está dispuesta a cambiar. Estoy diciendo que alguien decidió no quererte
y aún no me creo que de esa manera tan tonta te dejara escapar. Que se
pensara que si no era contigo, podía ser con cualquier otra. Como si el
mundo estuviese lleno de gente como tú. Como si hubiese cualquier otra
que te pudiese hacer sombra. Perdona que me ría. Ja.
Alguien
decidió no quererte. Y de repente, nosotros. Un año juntos ya. Cerrando
bocas que no nos daban ni un telediario. Pobrecitos míos. Les desearía
lo mejor. Pero me lo he quedado yo.
http://www.elperiodico.com/es/noticias/mas-periodico/alguien-decidio-no-quererte-5163175
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