11 de febrero de 2017

Romance au Grand Friperie (II)



Bastian se encontraba en su cama tratando de conciliar el sueño, pero algo dentro de su cabeza se lo impedía. Ya habían pasado tres largos años desde que Géraldine, su último amor, y el más duradero de su joven vida, le había abandonado para no volver. No había sido nada fácil, y eso le llevo a dejar de creer en el amor, y a abandonar la idea de volver a estar con ninguna mujer. Pero todo aquello cambió cuando conoció a Audrey, pese a que sabía que ella estaba muy por encima de sus posibilidades. Pero fue un flechazo a primera vista. Solo hizo falta verla sonreír, y apreciar esa luz que la noche de París le daba a sus ojos, de tal manera que los hacía brillar como dos luceros a las orillas del Sena. No hizo falta más.

A lo largo de las semanas, el trabajo de ambos en el mercado favoreció que Bastian pudiera acercarse a la mujer que le había devuelto las ganas de sonreír, y poco a poco fue interesándose por ella, siempre a base de conversaciones triviales y teniendo en cuenta que un simple error podía dar al traste con toda su ilusión y anhelo de conocerla cada día mas y así ganarse su confianza poco a poco.

Por su parte, el carácter abierto y afable de Audrey no hacía más que dar alas a que la situación fluyese como lo hacía el Sena a lo largo y ancho de París. Pero aunque Bastian atisbaba en ella gestos y palabras que le daban alas para pensar que la cosa iba bien, en realidad no era así. Tras las sonrisa de Audrey se encontraba otra realidad que al artesano le era totalmente desconocida, y que no distaba mucho de lo que Bastian había sufrido con Géraldine hasta hacía apenas un año. Al fin y al cabo, una mujer tan bella como Audrey no pasaba desapercibida, y era obvio que aunque en ese momento estuviese soltera, antes tenían que haber pasado por su vida otros hombres. Y esa era la realidad. Hasta hacía escasos meses, la joven mercader había estado emparejada con Gastón, uno de los más importantes hombres de Montrésor, y después de que la pareja rompiese, Audrey quedó tan afectada que aún arrastraba la tristeza que le provocó perder a Gastón, y eso creaba tal coraza alrededor de su corazón, que se negaba en rotundo a conocer a ningún otro hombre que se le acercara con intenciones claras de conquistarla.

Cassandra era la hermana pequeña de Audrey, su confidente, su paño de lágrimas cuando el recuerdo de Gastón acudía a su mente en los momentos en que no se encontraba entretenida, que era generalmente por las noches, las mismas en que a escasos kilómetros, un cada vez mas enamorado Bastian suspiraba por algún día poder acunarla en sus brazos mientras sus miradas su cruzaban y el tiempo se detenía en lo que dura un beso entre dos personas que poco tiempo antes siquiera soñaban con volver a vivir un momento como el actual.

Así es el destino, capaz de unir a dos personas en torno a la tristeza de un adiós cercano en el tiempo, sin que ninguna de ellas sepa lo que el uno y el otro tienen que soportar cuando la luna y las estrellas brillan en el cielo parisino, y Morfeo extiende sus brazos para que los cansados habitantes de una parte del planeta caigan en ellos en pos de un sueño mágico y reparador.   

  

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