Bastian se encontraba en su cama tratando de conciliar el
sueño, pero algo dentro de su cabeza se lo impedía. Ya habían pasado tres
largos años desde que Géraldine, su último amor, y el más duradero de su joven
vida, le había abandonado para no volver. No había sido nada fácil, y eso le
llevo a dejar de creer en el amor, y a abandonar la idea de volver a estar con
ninguna mujer. Pero todo aquello cambió cuando conoció a Audrey, pese a que sabía
que ella estaba muy por encima de sus posibilidades. Pero fue un flechazo a
primera vista. Solo hizo falta verla sonreír, y apreciar esa luz que la noche
de París le daba a sus ojos, de tal manera que los hacía brillar como dos
luceros a las orillas del Sena. No hizo falta más.
A lo largo de las semanas, el trabajo de ambos en el mercado
favoreció que Bastian pudiera acercarse a la mujer que le había devuelto las
ganas de sonreír, y poco a poco fue interesándose por ella, siempre a base de
conversaciones triviales y teniendo en cuenta que un simple error podía dar al
traste con toda su ilusión y anhelo de conocerla cada día mas y así ganarse su
confianza poco a poco.
Por su parte, el carácter abierto y afable de Audrey no hacía
más que dar alas a que la situación fluyese como lo hacía el Sena a lo largo y
ancho de París. Pero aunque Bastian atisbaba en ella gestos y palabras que le
daban alas para pensar que la cosa iba bien, en realidad no era así. Tras las
sonrisa de Audrey se encontraba otra realidad que al artesano le era totalmente
desconocida, y que no distaba mucho de lo que Bastian había sufrido con Géraldine
hasta hacía apenas un año. Al fin y al cabo, una mujer tan bella como Audrey no
pasaba desapercibida, y era obvio que aunque en ese momento estuviese soltera,
antes tenían que haber pasado por su vida otros hombres. Y esa era la realidad.
Hasta hacía escasos meses, la joven mercader había estado emparejada con Gastón,
uno de los más importantes hombres de Montrésor, y después de que la pareja
rompiese, Audrey quedó tan afectada que aún arrastraba la tristeza que le
provocó perder a Gastón, y eso creaba tal coraza alrededor de su corazón, que
se negaba en rotundo a conocer a ningún otro hombre que se le acercara con
intenciones claras de conquistarla.
Cassandra era la hermana pequeña de Audrey, su confidente,
su paño de lágrimas cuando el recuerdo de Gastón acudía a su mente en los
momentos en que no se encontraba entretenida, que era generalmente por las
noches, las mismas en que a escasos kilómetros, un cada vez mas enamorado
Bastian suspiraba por algún día poder acunarla en sus brazos mientras sus
miradas su cruzaban y el tiempo se detenía en lo que dura un beso entre dos
personas que poco tiempo antes siquiera soñaban con volver a vivir un momento
como el actual.
Así es el destino, capaz de unir a dos personas en torno a
la tristeza de un adiós cercano en el tiempo, sin que ninguna de ellas sepa lo
que el uno y el otro tienen que soportar cuando la luna y las estrellas brillan
en el cielo parisino, y Morfeo extiende sus brazos para que los cansados
habitantes de una parte del planeta caigan en ellos en pos de un sueño mágico y
reparador.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario